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26 diciembre 2008

Cómo me salvo de ti...


Para quienes la Navidad es también nostalgia, les dejo la letra de una canción que me gusta; es de un trovador cubano, de nombre Ariel Barreiros.


Cómo me salvo de ti, si el viento no se vira,
si la ciudad no ayuda con tu olor,
si ya es noviembre en toda la ventana,
y yo llegando tarde al desamor.
Si a mí me dio por ser tú cáliz, tu país,
tu bolero, tu salmo, tu equipaje.
Si a mí me dio por ti, desnuda hasta la miel,
y a ti por lejos, lejos, inbesable.

Yo soy el guardavías de tu corazón, yo soy el hombrecito de nada, yo soy el preso bueno que se acostumbró,
Y estoy desempleado de tu espalda.

Alivia, desenreda, luce, desata, tiembla, salta, se mece, cruza el temporal,
sabe como llover, sabe cuando escapar, pero no volverá mañana.

Y no es por mí que a mí me queda invierno para olvidar,
Calafatearme el pecho y sonreír
Buscarme una nostalgia más linda,
Puedo si el día levanta hasta soñar,
Pero al pobre portal quien se lo explica.

Si soy el guardavías de tu corazón, si soy el hombrecito de nada.
Si soy el preso bueno que se acostumbró, y estoy desempleado de tu espalda.

Y hace escalera larga, y hace soledad
Y hace pan viejo y frío y animal sin dueño,
Y hace beso pequeño malgastado en cristal, y me haces una falta sin remedio.

Yo soy el guardavía de tu corazón, yo soy el hombrecito de nada,
Yo soy el preso bueno que se acostumbró, y estoy desempleado de tu espalda.

Como me salvo de ti, como me escapo,
Como me salvo de ti…

17 diciembre 2008

No estamos solos...


Mientras escuchaba hoy el Evangelio que se lee en la liturgia de la Iglesia me puse a pensar en su significado, más allá de lo puramente confesional. Se trataba de la "Genealogía de Jesús". Mientras oía desgranar nombre tras nombre imaginaba que se decía también el árbol genealógico de cada uno de los presentes, imaginaba de pronto que todos somos parte de una cadena casi infinita de seres humanos, de historias vividas, de misterios indescifrables e inabarcables. Siempre lamento no haberme interesado antes por mi descendencia familiar, y cuando lo hice ya era imposible accede a una buena parte de la información. Uno de mis antepasados llegó a Cuba en un barco, desde estas tierras. ¿Cómo sería aquel hombre? ¿Qué pensaría, qué sentiría? Me gustaría saberlo. Tal vez eso me ayudara a entenderme a mí mismo, a descifrar un montón de cosas mías que no entiendo. Pero además, los seres humanos forman otras cadenas diversas a las familiares; la amistad, por ejemplo, o intereses comunes. Me gusta sentir que entre mis amigos y yo hay un vínculo espiritual muy especial. Cada año, el día 2 de enero, celebro ese vínculo. Escogí ese día porque es la fiesta de dos santos del siglo IV que fueron muy amigos: Basilio y Gregorio. Hay vínculos también que son frutos de la casualidad o la providencia: esas personas que se cruzan cada día con nosotros al salir de casa, o cuando vamos al trabajo, en el metro o en la parada del autobus. !Para mí es un misterio! Cuando uno está en un país lejano y de pronto se cruza con alguien de su propio país siente una alegría tremenda, y puede ser alguien que sólo conocíasde vista, nunca habían intercambiado palabra alguna; pero aquí, de pronto, te parece alguien muy cercano. Porque hay un vínculo misterioso, algo que no podemos explicar, que nos une. Me gusta pensar en estas "cadenas" espirituales, en estas afinidades inadvertidas, en estas casualidades que tal vez no lo son. Me gusta pensar que soy parte de "algo" y de ALGUIEN. Que hay un proyecto misterioso y amoroso del que formo parte.

Me gusta pensar, no importa si es casi improbable, que hay "ángeles" que nos acompañan a todas partes.

13 diciembre 2008

Mientras espero...


Hace unos años mirábamos al año 2000 con esperanza; pensábamos que para entonces el mundo andaría mejor, y no queríamos bajarnos de él, como apuntaba una canción de Alberto Cortez, que le valió la censura en Cuba durante un tiempo, al criticar por igual a Estados Unidos y a la entonces “eterna” Unión Soviética. Pero han pasado casi 9 años de la mítica fecha y las cosas van de mal en peor, o por lo menos así lo parece. Viniendo de donde vengo no me apunto a los que culpan de todo al “malvado” capitalismo, mientras miran, suspirando, a los populismos de América Latina. Yo , que vengo de esos lares, creo que en nuestro mundo tan polarizado, tan lleno de extremos, apuntarse a uno de ellos no hace más que entrar el juego de nunca acabar y seguir echando leña a un fuego que arderá durante muchos años.
Me pregunto: ¿A quién le interesa tanta crispación? ¿Cuándo aprenderemos que la violencia no nos lleva a ninguna parte, o peor, nos lleva a un desastre mayor? Si es injusta la presencia de Estados Unidos en Irak, ¿No lo es más el terrorismo que hace volar por los aires a propios y extraños? ¿Qué aportan los violentos antisistema que destruyen bienes a su paso y se enfrentan con una violencia aun mayor a los agentes del orden? ¿Cómo puede proponerse un nuevo orden que se anuncia con bombas y tiros en la nuca?
Injusticias quedan muchas en nuestro sufrido planeta. Todavía hacen falta Quijotes, pero necesitamos más héroes capaces de perdonar y sanar, de bendecir y unir, que hordas armadas de palos o fusiles, machetes o garrotes; necesitamos políticos que estén menos pendientes de fustigar al oponente y más al servicio de los ciudadanos. Necesitamos menos demagogos y más líderes capaces de trabajar por la paz y el desarrollo.
En fin, necesitamos una Iglesia menos pendiente de conservar privilegios y detentar poder, y más dispuesta a dar la vida y dar vida, como su Señor.
Ninguna de estas cosas se vende en los comercios. Y es lo que quiero recibir en mi Navidad. Sí, porque soy cristiano, ni de derechas ni de izquierdas, sino de todos quiero serlo, sin fanatismos ni intolerancias. “Católico” de verdad, es decir, universal.

26 octubre 2008

Significaciones hondas.

He leido hoy esta frase en un suplemento del periódico: "Escribir consiste en hallar significaciones hondas en aquellas parcelas de la vida que el común de los mortales considera rutinarias" (Juan Manuel de prada). Pensaba en ella mientras caminaba por la Gran Vía, retornando de La Casa del Libro, donde suelo pasar algunas tardes de domingo, pues en un portal estaba un señor vestido de payaso, con un cartel delante que decía. "Pido para comer y para pagar la pensión". Su ropa nada tenía que ver con su estar: era un payaso triste, un payaso que casi daba ganas de llorar, y al que nadie quería mirar, como si al hacerlo un río de pena fuera a desbordarse dentro. Me hizo pensar en la enormidad de estas ciudades en las que viven una multitud de seres diferentes, llevando cada uno su propia carga, a menudo tan solos, aun estando en medio de tantísima gente. La soledad de un desierto ha de ser tremenda, pero la soledad en medio de la gran ciudad es mucho más terrible. Y al mismo tiempo, siempre me ha gustado el anonimato de las grandes ciudades. Es lo que ya no me gusta de la Habana, que es una aldea, en la que te encuentras en todas partes a las personas de todos los días. Me gusta desaparecer en la multitud. Por eso la soledad es paradojica, puede ser desamparo y refugio al mismo tiempo. Y luego, otro detalle que llama mi atención, venido al fin de otro hemisferio y otro mundo: cuando veo dos hombres tomados de la mano. Pienso en mis años de universidad en la Habana, cuando la policía perseguía con verdadero empeño a los que manifestaban de algún modo su diversidad sexual. No quiero pronunciarme aquí ni a favor ni en contra del tema, por prudencia y porque mi condición me pide silencio, pero no dejar de decir que al verles, caminar así con plena libertad, el corazón se me estremece. Creo que por venir de donde vengo amo la libertad aun más que la verdad, aunque sin renunciar a esta última, y veo, en esos pequeños detalles de la vida cotidiana señales espirituales de un mundo que ríe y que llora. Un mundo que sin ninguna duda, es mi mundo, el mundo que amo.

23 septiembre 2008

La felicidad es cosa de locos.


Hay días en los que parece no podemos cargar con la vida que nos ha tocado, días que más que amargos o tristes, son grises y vacíos de todo sentido o razón. En esos días buscamos a qué cosa aferrarnos, y entonces caemos en la cuenta de que no tenemos nada o casi nada que valga la pena, y nos espantamos de haber vivido tantos años para nada. No creo ser pesimista a pesar de lo dicho. Es que vivimos siempre de manera inconsciente, sacándole a la existencia lo que podemos, pensando que es mucho o bastante, hasta que caemos en el bache, se nos abren los ojos y la verdad nos espanta, nos roba por instantes la cordura y nos sumerge en un mar de melancolía.
A cada uno le toca lo suyo, se dice por ahí, y es cierto, pero nos toca también lo que es de todos; es decir, lo de esta humanidad, o lo del pueblo del que somos parte, o lo de la tribu o grupo social al que pertenecemos. Y todo eso se junta para hacernos patente que nuestra condición humana es más que abstracción, más que concepto; es peso, carga inmensa, que se asienta en los hombros de toda criatura.
Lo primero que experimentamos en esta vida es la ausencia. Lloramos siempre una pérdida. La tristeza acompaña siempre nuestros años. Con el tiempo esta presencia se vuelve tan habitual que nos familiarizamos con ella, y podemos vivir ignorándola un poco. Sólo cuando sus dientes se clavan en nuestra carne caemos en la cuenta que no ha dejado de acecharnos.
¿Tendrá cabida entonces lo que llamamos felicidad? Parece posible que sólo los locos consiguen ser felices. Los que olvidan, los que sueñan, los que parecen estar más allá de todo. Esos sobreviven a cada golpe con una mirada extraña y perdida, una mirada que parece estar más allá del tiempo y del espacio. Como si vieran a Dios en el horizonte.
Por gente así están salvadas las grandes ciudades.

06 septiembre 2008

BIENVENIDO EL AMOR.



A punto de saltar el charco(océano le llaman) mi corazón está desbordando sentimientos, alegres y tristes, más los primeros, pero sin apartarse de los segundos; he podido despedirme de amigas y amigos, he reconocido el valor de mis tesoros personales: libros, música, cartas, recuerdos... y luego he mirado al horizonte y he visto al sol asomando sus rayos. BIENVENIDO SEAS, le digo, y mi corazón sonríe.



“Amor”

El amor me acogió, mas mi alma se apartaba,
Culpable de polvo y de pecado.
Pero el Amor que todo lo ve, observando
Mi vacilante entrada,
Se acercó hasta mí, diciéndome con dulzura:
¿Hay algo que eches en falta?

Un invitado, respondí, digno de encontrarse aquí.
Tú serás ese invitado, dijo el Amor.
¿Yo, el malvado, el ingrato? ¡Ah, mi amado!,
ya no puedo mirarte.
El Amor tomó mi mano y replicó sonriente:
¿Quién ha hecho esos ojos sino yo?

Es cierto, Señor, pero yo los ensucié; que mi vergüenza
Vaya donde se merece.
¿Y no sabes, dijo el Amor, quién ha tomado sobre sí la
Culpa?
¡Mi Amado! Entonces, podré quedarme.
Siéntate, dijo el Amor, y degusta mis manjares.
Así que me senté y comí.


George Herbert.

26 agosto 2008

Ando en busca de Infinito.


Bueno, a instancias de mi querida amiga María J. vengo a formar parte de este grupo variopinto que quiere compartir un espacio en la red, anunciando algo tal vez que aun no podemos precisar, o tal vez intuimos en lo más hondo. Eso es lo que puedo entender del nombre de este blog: "Preludio de un acontecer". Realmente no sé aun si encontraré el tiempo suficiente para hacerme partícipe de esta aventura, pues apenas me alcanza para llenar mis propios espacios, pero mi buena amiga quería verme acá y acá estoy. Soy MANUEL, un cubano, a quien embarcarán en los próximos días a Madrid, para que vuelva a sortear soledades y nostalgias, y que pretende hacer de esta aventura un tiempo de GRACIA y de LUZ. Medio poeta soy, pero ya sólo escribo renglones en mi propia vida. Ando en busca de algo infinito e incondicional, capáz de ignorar mis terribles errores y colmarme de abrazos. Perdonen cualquier tontería involuntaria y ténganme por AMIGO.

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