
Quiero escribir sobre el amor y sobre la inocencia,
lanzar al viento versos de esperanza,
palabras bellas o, cuanto menos, mansas.
Quiero encerrar en botellas mensajes de amistad,
de paz y de alegría,
subirlos a lomos de olas de cristal
y provocar una sonrisa al otro lado del mar.
Quiero poder besarte,
bajo la luna o sobre el colchón,
proclamar al mundo entero mi felicidad absurda,
sencilla y sincera,
gritar de goce saliendo desnudo al balcón,
sin temor a envidias,
a censuras
o a tu condena.
Quiero todo eso,
y mucho más.
Pero no puedo;
sé que no debo desear tanto,
no me lo merezco
ni sería justo tomarlo.
Cómo hablar de amor,
cuando medio mundo llora de hambre,
y el otro medio no se sacia de tanta sangre.
Dónde encontrar a un inocente,
si sólo veo miradas que acechan,
índices que me señalan,
estadísticas que aumentan
y jueces que callan.
Y qué decir de la esperanza;
miro a la derecha,
miro a al izquierda,
y el mismo panorama se me presenta.
Un horizonte demasiado lejano,
un arco iris inalcanzable;
lo normal cuando los pacificadores hablan de guerras.
Para qué lanzar botellas
si el océano ya está lleno de ellas,
con o sin mensaje,
con o sin poemas.
Pretendo alcanzar estrellas,
mas sé que es imposible,
pero si tú me dejas,
colgaré la luna sobre nuestras cabezas
y haremos el amor hasta que amanezca.











