19 agosto 2016

cosas de nada



Sé que hay vientos que alegran las mañanas
y aullidos que alertan las ventanas.
Tu cáscara es un vuelto en cualquier moneda, 
un beso rojo que regala químeras.
Nada podrá quitarme la ilusión que llevo
 así me queme con la urgencia de este vuelo,
veo fantasmas que hacen muecas entre las sombras
 como si yo fuera el excedente de sus obras.
                                         José López Romero, agosto 2016

09 febrero 2016

es así, solo sentimientos

Siento alguna vez, que otro tiempo dejó marcas que no se ven pero se notan en el transcurrir de lo cotidiano.
Nada es gratuito ni tampoco letal cuando no se pone lo que otros arriezgan, porque la vida nos gusta a pesar de todo. 
Me digo, en una filosofía tozuda, que somos egoístas cuando resguardamos el propio "pellejo" a ultranza, aún viendo a otros, muy cerca, caer en cuerpo o espíritu.
Lejos quedó aquél que fui, o que aparentaba ser más allá de sentir hoy, que todavía conservo algo de la mocedad.
No sé si es bueno o malo, ya que hoy por hoy una jerarquía ha dicho que ni el infierno o la pareja del génesis existieron jamás, contradiciendo el supuesto libro sagrado, y por si representó algo en la vida su relato tan "machacado".
Me veo sentado en una esquina de mi barrio a los veintiún años entonado de rocanrrol, donde en parte viví la infancia y jugué a los alfetas bajo las ventanas de la Normal, calle por la cual fui a la escuela distante kilómetro y medio. Ahí, de frente al cuartel de bomberos que me vio de uniforme aún adolescente, recuerdo al herrero Castro, las mesas en las veredas de los bares Polo Norte, La Pequeña Bolsa o el de Vernazza en el tramo de una cuadra, sin olvidar el aroma de la antigua panadería, o el miedo al peluquero de la niñez.
Todo tiene que ver en la confusión más torpe y no se puede retroceder, o no es lícito, ya ha sido escrito y es un sello que me parece llevar en la frente, y no soy de mentir en estas cosas aunque claudique en otras. 
Estoy hilando desordenadamente sin prever a dónde llegar, no le doy importancia o no me interesa a esta altura, si la tuviere, es un estado de ánimo y reconozco quería hacerlo.
No tengo segundas intenciones, esto ha salido de su cauce naturalmente y se diluirá como el polvo de una calle de tierra, o un trozo de pan bajo la lluvia.
                                            José López Romero 

08 octubre 2015

a saber

Alguna vez, algunos, por no involucrar un "todos" que no califica, harán cuentas de que lastimar al otro por unas monedas es de una hijaputéz extrema, por si quedara claro.
Se ha llenado el mundo de mártires en el escalafón que se prefiera, hoy un largo abecedario que los contiene y lo más impresionante son las legiones interminables de balseros que se inmolan por una vida distinta. Niños y jóvenes en barrios de lata aspirando el aire impuro del vicio que mata. Las guerras contrastando con los mensajes de paz que parecen sobrenaturales, conflictos creados por dios dinero emergiendo según las necesidades de los ególatras.
No descubro nada, solo ejercito mi libertad de repetir estos actos cobardes que se repiten por su metodología en pueblos y ciudades de quienes solo saben y practican su avaricia y egoísmo rasguñando el pellejo de sus semejantes mas desprevenidos. 
Juzgando estas actitudes caemos en cuenta que ni sus hijos habitarían en sus afectos genuinos, a saber.  
Hoy escuché a un hombre con aspecto y palabras de profeta, de cabellos blancos y mirada clara como imaginé su pensamiento. 
Por ahí anda buscando aquellas almas que quieran escuchar su prédica.  (JLR)
                          
 

02 septiembre 2015

por ahí andando


Las manos es lo primero que aparece a mi vista enfocada hacia el teclado  y más allá unas cajas de fotos 6x9 que ya no se estilan, viejos CD que uso de vez en cuando y una pila de casettes que no dejo de lado porque en ellos han quedado voces de miles de entrevistas a lo largo de trece años.
Obviamente he borrado en el trayecto un sinfín de ellas y eso me acongoja de solo pensarlo pues ya no recuerdo quienes fueron los que me prestaron sus historias que pasaron al papel pero no el sonido de sus palabras.
De paso y por ahí andando, leyendo antiguos comentarios del blog me atraparon algunas reflexiones tal vez inmaduras o con una pizca de dolor al darme cuenta que esos mismos que decían lo que fuere en su momento, ya no están con aquella asiduidad que era mi asombro y me incentivaba y me hizo crecer en esto de sacar sentires desde el corazón el alma o la atmósfera.
Presumo que el presente post será una botella a un charco pues ni mar o río se asoma siquiera por aquí. Queda dicho y bueno, no pienso corregir ni darle una lectura para saber si vale la pena que la cuestión permanezca en el aire. Solo seguiré esperando un brillo en la línea del horizonte por donde pudiera  perfilarse un casco de barco de bandera amiga con un tapón de corcho en su proa, cuando hoy solo se divisan cuerpos flotando vivos o muertos vestigios testigos que hablan de una civilización que ha perdido rotundamente el rumbo. 
                                                                       2 de setiembre de 2001, cuatro de la tarde.

18 agosto 2015

ahí estaba

No todos los días son similares ni se piensan desde la cima de la mente. Me suenan a juego de palabras estos trazos que son nada más que reflejo solitario de un tiempo que sigue dentro mío porque lo he vivido y siento no debo dejarlo a un costado del presente. Me veo sentado sobre el cabrestante del patrullero, en algún puerto del interior argento en pleno verano, por la carpa que cubre la cubierta principal, cuando en mis brazos llevaba la rueda de cabillas o timón, distintivo de la especialidad bien marinera, y el primer grado del escalafón a mis 17 años. Estoy silbando, en la imagen, una maravilla heredada de mi padre y que hoy escucho en sus primeros soplidos a Maximiliano, mi nieto de casi seis años, que suele decirme de pasada, "yo sé silbar".
Quiero contar tanto que los espacios me parecen reducidos  por el tiempo escapando notablemente rápido o mi impericia para aprovecharlo por lo intespectivo de la realidad que no podemos esquivar pues sería dejar de nadar en medio del río. Pienso que no digo cosas importantes y que pocos se detendrían a hurgar en estas cavilaciones tan comunes, sin altisonancias ni rebusques literarios que no poseo, sino apenas la gracia que traigo desde el vientre y la semilla de mis padres. La mirada debajo del flequillo, "rebeldía no aceptada a bordo", es de distancia, creo sin hacer un análisis de aquél momento donde seguramente desenredaba inquietudes de la hora y lo que traía de antes, la negación al estudio secundario, mi paso por la banda del pueblo, el Cuerpo de Cadetes Bomberos Voluntarios, lava copas y barman en una confitería del centro y cadete de farmacia hasta ese tren que me llevó a Buenos Aires y de allí por un año a la Isla Martín García. Hoy mis viajes tienen esta nave de teclas oscuras que van y vienen y escurren aguas suspendidas en el espacio, en ese  disco rígido que ante un capricho suyo me podría dejar sin memoria. 
Por eso amo el papel y espero volcarme en él, antes que el devenir de los años me arrebaten los cursos navegados figurados en mis queridos escritos tal vez para nadie o hipotéticamente para un puñado de arriezgados que los quieran descifrar. 
                                                              José López Romero
Desde Esperanza, Provincia de Santa Fe, Argentina.    

16 junio 2015

entre cantos y duendes

No necesito estar solo para cerrar los ojos y pensar, aún para soñar sin estar dormido. En voz baja estiro hipotéticamente mis letras para una melodía que me espera en el pueblo querido de Francia, Plerin, muy cerca del Mar de la Mancha, donde pisamos una de sus playas  brevemente. Estábamos con Pablo y Martha, Anne, Chantal y Francois. Aún sigo por allá caminando Les Rosaires o perdido en bicicleta con Jean Noel, el tío de Nantes, padre de Gwen. Canto todavía a la mesa de una casa mágica de piedras como jamás había visto, en el grupo está Katherina con sus cinco idiomas. Jean Claude, a quien pienso un corsario en su velero navegando el Atlántico y contando mil historias que no entiendo pero percibo por su entusiasmo tan vivo. El puerto de Vannes y los fuegos artificiales coronados por la música antigua de los celtas, guitarras, percusión,  acordeón y bombardino y el baile típico donde todos danzan unidos y por eso creo en el espíritu de los duendes y un posible regreso que alimento. Cantan los grupos tradicionales canciones de marineros, abrazados y alegres por la humanidad que los reviste y por las razones del buen vino.  
                                           Gráfica y Texto de José López Romero

30 marzo 2015

sin raíces



Cuando los campos se despojen de su vestidura verde
las mentiras rodarán por las colinas y los valles
llenarán con más traiciones los caminos
montarán guardia en los pueblos que no cerraron sus almas con llaves de ignorancia o descreimiento.
Un relato solo contiene el misterio que permite adivinar la muerte el manto impiadoso despojado de humanidad.
Podría suceder a cualquier geografía idioma o raza si aún no aconteció pues nada ha cambiado del hombre hacia el hombre y muchos valores siguen extraviados sin raíces de ojos nublados y oídos sordos de guantes blancos que no cubren ni  ocultan las garras de los insaciables.

16 marzo 2015

abriendo la mano

No sé, tal vez, quizás, las dudas nunca faltan como no sobran certezas de nada.
Pienso el camino que dejé detrás y sueño el destino que hay por descifrar. 
Mi corazón de navegante circunda el mundo que llevo dentro, es mi pasión el sol, y un poema imbécil que no va por vos.
Las palabras vuelan, son un río en sí, avanzan por su cauce natural y al fin una melodía juntará su amor.
La sombra de la ilusión estallará como hallé tus besos en la oscuridad. 
Hay un puente libre que me llama y voy hacia la savia redimida de un viejo dolor.
                                  Texto y gráfica de José López Romero

 

19 enero 2015

apenas esto


Es misterioso entregarse a las letras, y digo palabras, sentimientos que salen cuando una línea emotiva las convoca.
Y siempre son las canciones, la bendita música, el aroma humano, las voces cuerdas que se adivinan locas por una fábula que me gusta, como las armonías de los que cantan a lo largo de su vida aunque no sepan que lo hacen.
Alguien muy grande nos puso dentro el sonido y el alma, los impulsos claros y honestos de sabernos necesarios entre unos y otros. 
Las hojas y el viento son una expresión siempre urgente que nos regala la intuición más común. Nada podrá quitarme esta presunta ingenuidad o inocensia que me moja como lluvia de verano, la que reboza ahora mi techo, mi patio y mis sentidos.
No me arrepiento de ello, ni siquiera porque alguien del otro lado sepa o sonría ante esta debilidad que me sacude porque se me da la gana.  
                                                                                                                                                     José López Romero

24 diciembre 2014

buscando mensajes

Uno intenta conectar con todos los cables, sentir que anda junto a otros, que puede ser útil con una par de palabras.
Así repasé momentos que fueron cientos o miles según retrocedí en la memoria y me dije tantas cosas sabiendo que no podría corregir lo que desestimé y pude hacer mejor.
No echo culpas a la realidad que nos empuja, porque es un pretexto que creo un fracaso del corazón.
Miré dentro de mí cuando pensaba que no era posible encontrarme y descubrí que estaba mintiendo. 
Entonces me sentí inmensamente rico.
Mis hijos andan solos por la vida, cada uno en su distancia, y seguimos siendo familia creciente con los "bajitos" que van llegando con su nueva energía de renovar la sangre.
No arrío las banderas de la lucha por un mundo distinto, 
sin egoízmos ni discriminaciones. 
La rueda del destino suele deparar sorpresas y la esperanza es acción y constante desafío. 
No hay viajes definitivos y los regresos alimentan hipótesis de certeza. 
No hay adiós ni telón final para las intenciones humanas, solo espacio de tiempo donde el espíritu se fortalece.
Que nos encontremos siempre y la buena llama ilumine nuestros caminos.  
  

09 diciembre 2014

Solo a veces

A veces creo que andamos a tientas y decimos cosas vacías para conformar un instante.
Solo a veces digo, y es algo personal, mi pequeño cauce no arrastra sentimientos ajenos.
Sé que las frases tienen efecto breve, cual si fueran un vuelo de cabotaje, no hay más que eso.
Discurro hacia dentro y llego a un acuerdo con mi espíritu que no es un muñeco de cemento, soy afortunado, y seguimos juntos, después de la tempestad sobrevino una paz concertada.
No hay mejor costumbre que abdicar un tramo de razón antes que perder todo el camino y lo que hemos conseguido, en especial el abrazo de los amigos.
Algunos tenemos la suerte de haber nacido y posiblemente morir en la misma tierra del barrio donde fuimos puestos al nacer, con sus idas y venidas, soy agradecido y lo firmo.
Por tanta generosidad de la vida que hasta aquí me soporta, con ingenuidad intento evocar historias, lugares y personas, alimentarme en las fuentes que proponen solamente VIDA.       Le doy mayúscula a la redundancia, pues me parece genial repetir hasta el cansancio esta palabra emblema del coraje de viajar juntos por el antiguo testigo espacio a bordo de un volcán de fuego intermitente.
                                                                                                                                                            Texto y gráfica de José López Romero   

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