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12 noviembre 2009

INSOMNIO


Una noche tiré piedras a un vacío
caminé con un palito dibujando la tierra
(palabra que la tierra reza )
hice en el aire paredes de algodón y tiza
(la luna mareaba el agua)
y vos seguías ahícon silencio
de baldosas muriendo en la vereda.
¿No te cansa resbalar sobre mi cada noche?

perfilar el declive de mi cara sin luz
hasta mi boca
espiarme la abertura de los ojos
tocar mi pelo soplando negro suave
como si quisieras seducirme.

Creo que ya te amo,
cómo se ama en las noches segundos infinitos,
(no parece cruel desconocer tu espalda)
El último libro se cayó de mi mano
y en la mañana supe lo habías leído entero
y no lo recuerdo.
si vas a seducirme, acompañame
adivinándome ciego
palpándo en silencio
tu secreto de azúcar,
tu leve intimidad.

PUBLICADO POR:Mercedes Sáenz

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http://www.palabrasajenasami.blogspot.com/ (noches abiertas)
http://www.mercisaenz.blogspot.com/ (escribir porque quiero

29 enero 2009

POEMA DE MIRARTE



POEMA DE MIRARTE



El vino busca en la boca inclinada
un beso de vidrio
color ébano.
no recuerda el verso
confunde las lunas
los pies no alcanzan la rueca.
La ira no es ya
tormenta brutal
queriendo verse cómo el hombre
que –yo- sigo viendo.
un estilete cortés marcó los
hilos en el tapiz de su cara
dibujó su tierra en dónde palidecen
sus dioses oscuros en una blancura
desmedida.
Será su último día.
No existirá mañana.
Y yo lo miro…
tiemblo, también en mi copa
-creo que quiso mirar allí sus propios latidos-


me pidió que no lo toque
hasta que la muerte lo toque primero.

Mercedes Sáenz

26 enero 2009

M.P.A.

M.P.A.



Tenía que hacer un trato con la vida y pidió unos rezos para que el dolor la dejara tranquila. No sabe quién rezó por ella.
Pero sabía que para lograrlo debía quedarse sola.Se sentó en un desierto absoluto. El rezo de una lluvia le cayó transparente y brillo cómo si fuera a una esfinge de hierro.
Un murmullo inclinado llegó desde un campanario pidiéndole a no sé que dioses que se identifiquen, pues las voces que acudían a llevarse su herida eran varios.
El dolor esperó sentado en un banquillo. Sabía que era su día final, que se había convertido entonces en un invitado hipócrita, de apariencia gentil, tácito y ni siquiera decía su nombre.
Aceptó irse con la condición de dejar la herida, esa que hizo con el hierro derretido en el frío.Pero ella no aceptó el trato.
El dolor se supo vencido y solo se levantó sin que nadie le indique el rumbo, siempre sabe a dónde llegar e instalarse. Envolvió la herida en una capa roja de agua y sangre que goteaba lento pero en el desierto todo seca rápido.( ¿Siempre intenta ese gesto de última y pobre dignidad?)
Las voces de los dioses temblaron el campanario. No hubo trato. Y ella agradeció sin saber siquiera de dónde llegaban las voces. Otra vez amanecerán lunas…
¿Qué hará sin la herida, sin un dolor de siempre? ¿Que hará?
Las voces empezaron a callarse, a volarse cómo los pájaros que se van en los campanarios. El desierto parecía menos solo. Se olvidó del absoluto.

-Escribiré medios poemas acostados. Así voy a llamarlos. Medios porque no sé hasta dónde lo son; poemas, porque quiero escuchar su sentido con cierta sonoridad y acostados porque no quiero levantarlos. Seguramente no los quiero ver en posición vertical hasta que puedan pararse solos.

Acababa de hacer un trato con ella y feliz se puso a escribir esperando sí, las lunas que amanacerán otra vez mañana.
Mercedes Sáenz

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