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27 enero 2012

Patologías

I

Va el otro día y me entero de que el corazón no late en el lado izquierdo del pecho, sino en el centro.
De inmediato me pongo la mano,
                                                    palpo,
                                                              lo busco,
                                                                            ¡no puede ser!
                              Pum pum
¡Ahí está!, grande y sonriente, donde siempre.
Respiro aliviado.
Vuelve el coro de violines a subir por mi estómago.
El del centro debe de ser otro corazón.
Ese que cuando se para, nos da un susto.

II

El silencio despierta un canto de grillos en mi cabeza.
Todo comienza con un redoble de tambores.
                  Pum   pum   pum
Le sigue una sinfonía de violines de aluminio en cada oído.
Un alud de arenas movedizas resbala por las sienes.
                  Pum   pum   pum
Estampida de escorpiones atravesando la frente.
                  Pum   pum   pum
La noche pesa como un acorde de chelo en un cementerio.
Menos mal que siento tu calor en la almohada.

III

Prefiero el apetito al hambre.
La soledad al desamparo.
El dolor al sufrimiento.
La pobreza a la miseria.
La tristeza a la depresión.
El susto al miedo.
El llanto a la amargura.
Prefiero el desconocimiento a la ignorancia.
La poesía a la Enciclopedia.
Mi bastón a la limusina.
Y tus patas de gallo a cantos de sirena.

IV

De pronto, sobrevino un gran dolor,
se bajó la guardia,
cayeron las defensas
y reinó la anarquía.
Una célula le dijo a otra:
─Nos vemos en la entrada del pulmón.
─Vale  ─ respondió la otra─ ¿puedo llevar a unas amigas?
─Claro, porqué no.
Total, que se juntaron nosecuántas células.
Aquello no podía terminar bien.
La irrupción fue violenta,
el pulmón quedó cerrado para siempre,
y de las células rebeldes jamás se supo.
El caso es que desde entonces, y con regularidad, incendian el lugar de los hechos,
para que no olvidemos,
acabando incluso con las que pasan por allí por casualidad.
Cada vez los incendios son más extensos;
se ve que no se fían de nosotras.
Y cada vez somos menos las que resistimos.
Creo que no nos merecemos esto.

31 diciembre 2011

Obnubilación


Las enigmáticas palabras del maestro quedaron impresas en la mente del discípulo como los arcanos símbolos milenarios sobre la piedra caliza que recibía a los extranjeros a la entrada del templo, y se instalaron durante tiempo indefinido en ese oscuro e impenetrable hueco que la memoria tiene reservado sólo para las grandes verdades que merecen la pena ser recordadas hasta el fin de los días: “Se le llama invisible porque no se le puede ver; imperceptible porque no se le puede oír; impalpable porque no se le puede atrapar. Estos tres son ininvestigables, por eso se confunden en uno sólo. Quien le ha conocido se calla. Quien habla no le ha conocido.” 
Semejante galimatías se repetía una y otra vez de forma incansable cual tambores de guerra anunciando el inicio de lo inevitable, en el interior de la inexperta cabeza del discípulo mientras trataba de alcanzar, con las piernas cruzadas en la posición sagrada del loto, ese estado de total claridad contrario a aquel otro de obnubilación que en aquellos momentos dominaba su espíritu. De todos los koans propuestos por su maestro hasta el momento, aquel resultaba sin duda el más extraño y desafiante, y el discípulo intuía que su resolución le podría abrir caminos secretos que le conducirían a parajes inhóspitos e inimaginables para su ignorante mente de principiante.
Pero la paciencia y la tenacidad siempre tienen su recompensa, y en esta ocasión quiso el caprichoso destino que ésta no se alargase en el tiempo, como era su costumbre, premiando al obstinado discípulo con un pensamiento iluminador que como un rayo atravesó su córtex cerebral inundándolo todo, al igual que las aguas hacían con los arrozales en épocas de abundancia.
“Cualquiera podría reconocer el olor de la rosa florecida –pensó–, pero quién de entre todos sería capaz de describirlo con palabras. También la visión del vuelo del sereno gavilán sobre la bóveda celeste me transporta a un paraíso de paz y, sin embargo, me siento incapaz de explicarlo a mis semejantes en el lenguaje conocido. Lo mismo ocurre cuando la esfera lunar se sumerge en las remansadas aguas del lago durante las noches estivales, dejándonos el alma tan transparente y vacía como la parte más valiosa del cántaro de barro; cuántos podrían decir entonces lo que sus corazones les transmiten sin faltar a la fidelidad. De la misma forma, conozco el sedante sonido del fluir del agua sobre la roca pulida que tanto calma mi ánimo cuando la oscuridad se cierne sobre él, y no por ello me atrevería a traducirlo al idioma de la tinta. Tampoco debe de existir nadie diestro en los símbolos gráficos apto para narrar los sentimientos que afloran durante un paseo por el frondoso bosque henchido de diferentes cantos de aves multicolores. Y qué decir de las mágicas melodías remotas que los juglares hacen brotar misteriosamente de sus cañas agujereadas; imposible relatar cómo nos hace vibrar hasta el último de los vellos que nacen en nuestra piel.
El maestro tiene razón, como no podía ser de otra manera, quien le ha conocido se calla; quien habla no le ha conocido.”
Y así el espíritu del joven discípulo mudó de la obnubilación a una tenue claridad que sólo comenzaba a asomar tímidamente cual amanecer el primer día de primavera, y que con el transcurrir del tiempo terminaría alumbrándolo como el sol en su cenit, dejando atrás para siempre la noche eterna que reina en el corazón de la gran mayoría de los mortales.

19 diciembre 2011

Historias de la Atlantida


Reina Isis

─Bienvenida reina Isis.
─¿Ya no me llamas “Mi reina”?
─De eso hace mucho, ¿no crees?
─Para nosotros como si hubiese sido ayer.
─¿Qué tal el viaje?
─Placentero; sobre todo una vez comencé a recordar. Esa maldita enfermedad está causando demasiado dolor en la Tierra.
─Tú lo elegiste así. Ya sabes que fue necesario; el sufrimiento es el camino más rápido.
─Lo sé; no había tiempo para más. ¿Y Osiris?
─Ya pensé que nunca preguntarías por él. Tu esposo te espera con impaciencia.
─Así debe ser; nunca le sentó muy bien la eternidad.
─Ha cuidado de ti en todo momento.
─Sí... nunca me he sentido más querida en la Tierra que en esta última vida. Isabel ocupará para siempre un lugar eminente en mi corazón. ¿Ya estamos todos los hermanos atlantes?
─Casi.
─Bien. El momento se acerca.
─¿Y volveremos a reinar como dioses absolutos?
─¡Por supuesto que no, insensato!. Ahora les toca a ellos recordar su divinidad.

Dedicado a mi querida amiga Isabel, compañera de letras fallecida recientemente.
Thot, el atlante

Nunca olvidaré el día en el que aparecieron sobre nuestro cielo, a bordo de  burbujas incandescentes: altos y de porte imponente, la viva imagen de dioses venidos de estrellas lejanas. ¿Cómo imaginar su procedencia terrestre siendo tan diferentes a nosotros? Qué pensarían al vernos, bajitos, peludos, toscos y de lengua tan burda; debimos parecerles una manada de salvajes analfabetos. Construyeron, con pesadas moles de granito, grandes templos apuntando hacia las estrellas, de figuras extrañas para nosotros.
            El jefe se hacía llamar Thot: Thot el atlante. Él fue quien nos enseñó todo lo que necesitábamos saber. Llamaron a nuestra tierra Egipto.

Ejercicio de relato en 100 palabras para la Escuela de Letraslibres

18 septiembre 2010

Soy el que no es

Yo soy el que no es, que únicamente será cuando me miras.
Soy el que no es, que sólo será cuando me hablas.
Soy el que no es, que sólo será si me sonríes.
Soy el que no es, que sólo será si me tocas.
Yo soy aquél que no es, y que tan sólo podrá ser cuando me ames.

Mírame y te veré.
Háblame y te oiré.
Sonríeme y te amaré.
Tócame y sentiré.
Ámame y por ti moriré.
Mírame, háblame, sonríeme, tócame, ámame. Y seré.

Abrázame y gozaré.
Recuérdame y viviré.
Acompáñame y no me perderé.
Aliméntame y creceré.

Si te sientes perdido, grita.
Si tienes miedo, llora.
Si sufres, laméntate.
Si algo te oprime, desahógate.
Si te encuentras solo, golpéame.

Llama a mi puerta y te abriré.
Tiéndeme la mano y te la estrecharé.
Grítame y despertaré.
Siéntate a mi lado y te acogeré.
Escúchame y te hablaré.

16 julio 2010

Merodeando por la eternidad

Me precipito en el interior de un tornado con los ojos muy abiertos, pero con la extraña seguridad de que nada malo puede ocurrir. Me siento un ser privilegiado.
Ante mí se abre todo un nuevo mundo, rebosante de extrañas sensaciones, colores cegadores, multitud de formas sorprendentes y desconocidas. Me pierdo por todos estos planos de existencia, tan distintos, tan parecidos... tan complicados. Me divierto colándome entre las diversas dimensiones, adoptando posturas imposibles, imaginando ser de otro universo, un espíritu supremo, un niño ingenuo y caprichoso que juega en la soledad de su inocencia.
No puedo entender nada de lo que me está ocurriendo, pero apenas me importa; tan sólo disfruto cada momento, paladeo cada emoción como la más dulce golosina; me siento el rey de la creación y no deseo que nada enturbie mi éxtasis onírico. Nunca hubiese imaginado que el verme libre de la materia podía ser lo mejor que me pasase... ¡con lo que luché para que no ocurriese...!
Pronto comprendo que nada de lo que me rodea es nuevo, y que este paraíso de sensaciones no se ha hecho sólo para mí; ya existía mucho antes de que fuesen formados cualquiera de los átomos que componen ahora mi sustancia etérea, y, al igual que yo, por aquí flotan miles y miles de conciencias de los más insólitos orígenes y exóticos mundos, deambulando en la inmensidad de lo infinito.
Pero todo esto volverá a sucumbir en el pozo del olvido... nuevamente... como tantas otras veces habrá ocurrido; ¡a saber cuántas! Dejándome a merced de una memoria limitada por la viscosidad de sus efímeras neuronas mortales.
Ahora me veo otra vez perdido en la realidad de un universo insustancial, vagando por parajes cuánticos, vibrando al son de una sinfonía cósmica interminable, con toda la eternidad por detrás y la nada por delante, en espera de ser recibido una vez más por otro pedazo de carne maloliente, donde de nuevo tendré que ser testigo de su putrefacción, encadenado a un tiempo doloroso e implacable, hasta volver a conseguir esta libertad gozosa, la única genuina y más anhelada: la libertad de ser, y sólo ser.

26 junio 2010

Mi Credo

Yo creo en la grandiosidad del infinito Universo, por ser el creador y protector de todo lo conocido.
Admiro y respeto al Sol, porque me da luz y calor, y sé que es el origen y el germen del que surgió nuestro planeta.
Creo en la madre Tierra, porque me sustenta, me alimenta y me da abrigo.
Bendigo a la Luna y a las Estrellas, porque iluminan el cielo nocturno, dándole una belleza incomparable.
Amaré y protegeré por siempre al Agua, porque me refresca, me hidrata, y sé que es fuente de vida.
Comprendo y acato la acción del Viento, porque ayuda a mantener el planeta con temperaturas agradables y soportables, compatibles con la vida.
Adoro a todas las criaturas vivas que pueblan el vasto mundo, porque sin ellas nuestra existencia sería imposible, a parte de mucho más aburrida y sin sentido.
Creo en todos los hombres y mujeres santos que han dedicado su vida a impartir sabiduría y buenas obras por el mundo, porque gracias a ellos, la humanidad tiene un esperanzador futuro.
Creo en mí y creo en ti, porque nos une el espacio y el tiempo; porque este es nuestro momento; porque si no lo aprovechamos ahora, puede que nunca podamos hacerlo.
Y con respecto al resto de los misterios de la existencia, tan sólo soy un insignificante ser humano, nada digno de creer o dejar de creer en ellos.
Mis creencias no precisan de ninguna muestra externa de adoración, aparte de un profundo amor y respeto hacia todo lo que me rodea. Yo no necesito alzar los brazos entonando una plegaria; no necesito unir las manos en recogimiento junto a mis hermanos; tampoco tengo necesidad de hincar las rodillas en tierra, ni de fundirme en un abrazo con mis semejantes...
No pido que nadie crea en mí. Tan sólo pido ser amado y respetado. Es todo lo que pido, créanme.

10 mayo 2010

Palabras


Palabras, palabras y sólo palabras. No se me ocurre otra cosa que pueda aliviar en algo el dolor de este mundo, o que pueda hacer ver todo el amor que surge en el mismo planeta a cada segundo.
Será que no soy poeta, o será que ni tan siquiera un poeta es capaz de hacerlo.
No sé.
Construimos nuestro mundo particular en base a un conjunto de palabras que nos son familiares; pero este lenguaje es artificial, fue creado por el propio hombre, por tanto, es imperfecto e incompleto, y se encuentra en constante evolución.
Y sin embargo nos apegamos a las palabras como el bebé a la teta de la madre.
Si no tiene un nombre, una etiqueta, no existe. ¿Quién se atrevería a describir con palabras algo tan familiar como el olor de una rosa, el tronar de un relámpago o el sabor de la canela? Tan sólo se podría hacer usando comparaciones más o menos acertadas, y eso es porque aún no se han inventado las palabras que describan tales cosas, con lo sencillo que sería.
Podría leer toda una enciclopedia sobre los árboles, pero la mejor manera de conocerlos siempre será acercándome a ellos, tocándolos, oliéndolos, sintiendo su presencia, admirando su poderío.
¿Qué es un árbol? Una planta. ¿Y qué es una planta? Un ser vivo. Bueno, ¿y qué es un ser vivo?.... Así podríamos seguir hasta quedarnos sin repuestas, o mejor dicho, hasta agotar las palabras.
Pero un árbol siempre será un árbol, al igual que una rosa siempre olerá a rosa, por más rebuscadas metáforas que queramos aplicarle.
Porque la presencia siempre será antes que las palabras y los conceptos. Porque el ser humano no es esto o lo otro, el ser humano simplemente es. Y todas las etiquetas que queramos colgarnos sólo son cuentos chinos.
Porque el mundo ya existía tal cual es antes de ser catalogado y etiquetado por los hombres, sólo que entonces nos era desconocido... al igual que ahora. Nuestros recuerdos comienzan con el uso de la palabra... y ahí terminan también.
Siempre me he preguntado cómo percibirá el mundo un sordomudo de nacimiento. Quizás sean los únicos portadores de un secreto inapreciable que el resto de mortales perdimos en lo más profundo de nuestras mentes.
Puede que la palabra hablada y escrita sea uno de los prodigios más extraordinarios y revolucionarios que llevó al ser humano a encumbrarse como rey de la creación, pero algo me dice que aún le queda mucho por evolucionar. Una herramienta tan poderosa no debería poder ser utilizada para engañar, tergiversar, manipular, herir o humillar. Y mientras esto ocurra, yo seguiré haciendo de abogado del diablo, a pesar de todas las virtudes que se le puedan atribuir.
Cuando siento que las palabras no bastan o, simplemente son inservibles, busco refugio en mi silencio. A veces funciona... otras veces, no.
Y como penitencia por la soberbia mostrada en el uso del lenguaje imperfecto, sólo se me ocurre dejar este pésimo poema que ya publiqué en mi blog hace algún tiempo y que nos habla de ese otro lenguaje más sutil que nos rodea y al que apenas prestamos atención, pasando desapercibido como el insistente murmullo del alma:
Todos nos hablan... sólo que nadie escucha.
Nos hablan los niños cuando lloran en la cama.
Nos habla el viejo cuando calla en su butaca.
Nos hablan los árboles cuando los azotan los vientos.
Y también lo hacen cuando se yerguen en la calma.
Nos hablan las olas, encrespadas y salvajes,
que nos traen historias de corsarios inmortales.
Nos hablan los ríos, aunque corran a raudales,
y nos dicen a gritos que detenerse es la muerte.
Nos habla la torre, desde su altura encumbrada,
sabedora de su presto final en ruinas inertes.
Nos hablan los presos, tras rejas oxidadas,
¡este mundo no funciona, a ver cuando te enteras!
Nos hablan ambas caras de un muro fronterizo,
que suspiran a gritos por conocerse.
Nos hablan los listos, los necios y los notables,
pero mejor que a esos, escucha a las rameras.
Nos habla la tierra, agraviada por nuestras manos,
¡no me olvides insensato, qué sólo eres un ser humano!
Nos hablan las madres, con sus tristes miradas,
el pasado ya no vuelve, ¡ay si yo pudiera!
Nos hablan los pájaros, mientras nos observan,
y piensan callados en lo poco que nos queda.
Nos habla la luna, desde la distancia,
casi no nos distingue, sabe que no somos nada.
Nos hablan las estrellas, aún más lejanas,
ojalá pudieran compartir su misterio.
Nos habla el sol, majestuoso y sincero,
no lo mires a la cara, sólo siente su aliento.
Nos habla el alma, desde su tumba silente,
sueña que no es tarde, y nos dice que aún se puede.
Te hablo yo, con mi amargo poema,
pero no me hagas caso que la locura se pega.
Te hablan los libros, con su silencio patente.
Todos te hablan... sólo que tú no te enteras.

Yo no soy nada; sólo soy.
¿Y tú, eres?

04 mayo 2010

El pez que quiso volar

Extracto de mi libro "El renacer de la humanidad"
– Bien, el cuento se llama “El pez que quiso volar” –empezó a relatar Elena–, y trata sobre un pececito que desde muy pequeño, veía a través del agua a los pájaros volar muy alto y perderse en la inmensidad del cielo. Él los envidiaba y se preguntaba por qué no podría él también volar en vez de verse obligado todo el día a nadar y nadar sin poder salir del agua, cosa que le aburría mucho.
» Así que un buen día decidió que aprendería a volar; si los pájaros lo hacían, por qué no iba a poder hacerlo él que era más pequeño y pesaba menos. Desde ese día su único empeño era volar; se pasaba todo el tiempo dando pequeños saltos fuera del agua al mismo tiempo que agitaba sus pequeñas aletas con todas sus fuerzas. Los demás peces se apartaban de él porque lo veían como a un bicho raro así que nuestro pequeño pez estaba siempre solo; pero eso no le importaba, estaba demasiado ocupado en aprender a volar y no tenía tiempo para jugar con sus compañeros.
» Pasaron muchos años y el pececito se convirtió en un pez adulto, y seguía en su empeño de aprender a volar. Cada vez conseguía dar saltos más grandes fuera del agua y eso le motivaba aún más.
» Hasta que un buen día se produjo el milagro; saltó fuera del agua agitando sus aletas y se elevó por el aire cada vez más y más alto. ¡Estaba volando! No lo podía creer. En ese momento era la criatura más feliz de todo el universo.
» Quiso que los demás peces lo viesen para que se alegrasen con él, pero lo único que consiguió es que volviesen a rechazarlo y se alejasen aún más diciendo “qué se habrá creído ése; pensará que es mejor que nosotros porque sabe volar. A dónde querrá ir”.
» Entonces vio un grupo de pájaros volando a lo lejos y pensó “ahora esos serán mis nuevos amigos; ellos me comprenderán”. Pero de nuevo se equivocó; cuando los pájaros le vieron venir, al no conocerlo, creyeron que podría ser una amenaza para ellos y huyeron a toda prisa. De nuevo se quedó solo.
» Al poco rato vio como se acercaba un gran pájaro y se alegró mucho de que alguien se le acercara por fin para ser su amigo. Como aquel medio era nuevo para él, no conocía los peligros que entrañaba ya que nadie se los había enseñado y no podía saber que aquel pájaro era en realidad un depredador, y cuando éste lo alcanzó, lo mató y se lo comió.
» El pececito se había pasado toda su vida solo, intentando hacer algo para lo que no había nacido. Al final lo logró, consiguió algo que nunca jamás nadie había conseguido antes, la gran proeza de que un pez volara. Pero en vez de alabanzas y reconocimiento, lo único que provocó su éxito fueron envidias, miedo, soledad y, por último, la muerte; todo por no conformarse con ser un pez como los demás.
» Si le mereció la pena o no todo ese sacrificio por conseguir su sueño, es algo que deberás de reflexionar tú solita. Hasta mañana cielo, que duermas bien.

24 noviembre 2009

Contigo

Cuántas veces me miras sin verme.
Cuántas me oyes sin escuchar.
Cuántas veces hablamos sin entendernos.
Y cuántas me amas sin saber amar.

No me digas más “te quiero”,
no vuelvas a llamarme “mi amor”;
mejor dame una sonrisa,
y regálame cualquier flor.

Yo seguiré a tu lado,
aunque callado y taciturno,
siempre tendrás mi mano,
y nunca te faltará una canción.


30 septiembre 2009

Canto a un amor desangelado

Cuando el llanto quema y la culpa mata,

miles de palomas resquebrajadas

marchitan la pena sembrada en el alma partida.

Un roce de aire transparente

derrite una lágrima resbalada,

torturada por cien agujas silenciosas,

que se acercan de puntillas,

clavando su hiel candente

en el oscuro corazón trémulo y agonizante.

Agua dolorida,

viento moribundo,

el grito de una nube

que huye en el vacío de la madrugada....

Y una oración malherida

escapada del desierto de tu mirada cambiante.


El amor poseído siempre sucumbe en las nieves del invierno en la alborada.



31 agosto 2009

BUDDHA: Un poema de F. García Lorca

Este poema inédito de Federico García Lorca fue escrito cuando tenía 20 años. El manuscrito pertenece a la colección de la Casa-Museo de Fuentevaqueros (casa natal del poeta). De las cuatro cuartillas que compondrían el poema falta la segunda.

El palacio en sombra
Enseña brumoso sus oros bruñidos
La cálida noche derrite sus tules
Entre las estrellas rojizas y azules.

Lloran los chacales en junglas perdidos.

En el estanque lotos sangrientos
Lirios de agua, palmas, umbrías
En los jardines altas palmeras

Se inclinan lánguidas y severas
Acompasando sus melodías

Dulces magnolias majestuosas
Dan su fragancia sobre las cosas.
Noche de luna. Raro consuelo.
Arturo llora su luz de cielo

Flores, divinas... Piedras, preciosas.

(una cuartilla falta aquí)

Abriole la puerta de calma infinita
después esfumose. Siddhartha medita.
Una voz celeste suave musita
"Tú eres Tathagatha, puro, sin igual".

En fondos dorados entre rosas blancas
Lució sus encantos la diosa Verdad
El iluminado quedose hierático

Aspirando triste un perfume enigmático
Que manaba lento de la eternidad.

El cuerpo sin alma subió al aposento
Yashodara y el niño dormían
Siddhartha sintió un agobio violento
Corazones en sombras yacían...
Grave palpitaba el firmamento.

Se arrancó la flecha que le lanzó Mara

Traspasando salió de la estancia
Dulce el corazón se durmió en la fragancia
Que la luz del cielo le dejara.
Y marchó con la Bienaventuranza

Siddhartha solloza. El palacio lejano
Enseña entre ramas sus oros bruñidos
La cálida noche derrite sus tules
Entre las estrellas rojizas y azules.

Lloran los chacales en junglas perdidos.

21 agosto 2009

En la playa...


Quise capturar un pensamiento,

pero entonces subió la marea y me lo arrebató.

Luego intenté construir una idea,

y una ola juguetona la derribó.

Para soñar, me alejé del mar,

y tampoco pudo ser,

el aleteo de una gaviota

me devolvió a la realidad.

Pero a pesar de todo,

mañana,

volveré de nuevo a la playa.

Dónde si no podré atrapar mejor

la eternidad en una mirada.


... Y es que la playa no entiende de tonterías.



12 agosto 2009

Si yo fuera poeta...


Si yo fuera poeta,

sabría porqué me guiña el sol cuando se esconde.

Si yo fuera poeta,

descubriría el secreto que oculta la ola solitaria.

Si yo fuera poeta,

me sorprendería con cada amanecer.

Si yo fuera poeta,

conocería el porqué del azul del cielo.

Si yo fuera poeta,

comprendería la sonrisa enigmática de la luna.

Si yo fuera poeta...

me derretiría bajo el brillo de tu mirada.

Pero como no soy poeta,

sólo camino y observo...

y te amo en el silencio de la madrugada.



28 julio 2009

En la Memoria

Todo era caos y confusión en la Memoria en aquellos tiempos en que ocurrió. La Anarquía parecía haber ganado la ardua batalla en la que tantos años se había mantenido, luchando sin dar cuartel y con una fiereza inusitada, contra el orden que pretendía imponer el Pensamiento. La Sinrazón llegó a tomar el mando después del humillante destierro al que había sido, forzosamente, conducido el Sentido común.

De nada sirvieron las denodadas revueltas protagonizadas por el Juicio y la Experiencia, ni las apelaciones a la razón que con tanto ahínco efectuó el Conocimiento. También la Imaginación hizo todo lo que estaba en su mano por conseguir un mínimo de paz.

Todo fue inútil.

El Sueño y la Ilusión, juntos, hicieron oídos sordos a la llamada insistente de la Esperanza. La Creencia se tornó en Escepticismo, divorciándose para siempre de su estimable compañera la Fe. El Prejuicio, el Miedo y la Intolerancia camparon a sus anchas entre una neurona y otra, llegando a dominar una mente que daba ya muestras de una enfermedad degenerativa e incurable.

También la Apariencia, esa arpía corrupta, aprovechó el desorden instalado para apoderarse del ingenuo Ego y crear todo un mundo, para sí misma, perdido en vacuas etiquetas, rótulos incomprensibles y máscaras multicolores, terminando por conducir así a la derrotada Memoria: por parajes sombríos e inhóspitos donde nada era lo que parecía y todo lo aparente carecía de valor.

Y fue entonces, durante aquellos tiempos convulsos, cuando el Recuerdo, que hasta el momento se había mantenido al margen del conflicto, decidió tomar partido de forma más decidida y resolutiva. Su imparcialidad absoluta le impedía saber, en aquellos momentos de incertidumbre, cómo le saldría la jugada que se disponía a realizar; aún a riesgo de empeorar más la situación, se aventuró en su cometido hasta sus últimas consecuencias.

Comenzó convocando una asamblea general donde se decidiría el futuro inmediato de la Memoria que los albergaba. Dada la simpatía que causaba a todos, nadie puso reparos en acudir, aunque muchos dieron claras muestras de reticencia, sobretodo los que se encontraban a gusto con la situación existente. En ella expuso, con manifiesta convicción, su intención de poner fin al desacuerdo reinante entre las partes contrarias.

Pero conforme fue presentando el pliego de condiciones que había preparado con antelación, el descontento entre todos ellos fue creciendo sin remedio. Nadie se mostraba dispuesto a rebajar ni uno solo de los derechos que se había auto-otorgado en perjuicio de los demás; así que, paulatinamente, y sin cesar en sus protestas, todos fueron abandonando el lugar por temor a acabar desahuciados por la fuerza, dada la firmeza que mostraba el Recuerdo en cada una de sus aseveraciones.

Y ocurrió que la Memoria se fue quedando, poco a poco, más y más desierta, más y más tranquila, hasta llegar a lograr una calma absoluta en el momento en que pareció estar vacía por completo...

O al menos así lo creyó el Recuerdo. Pero cual fue su sorpresa al descubrir, al fondo del todo, donde apenas podía llegar su amplia mirada, una sutil presencia, casi invisible, transparente más bien, y que hasta entonces había pasado desapercibida incluso para él, que todo lo veía.

Al acercarse con sigilo, comprobó que parecía dormir profundamente. Quedó atónito por la belleza y la paz que emanaba de ese ser angelical, surgido casi de la nada. Pero la magia pronto se rompió; de repente, sin previo aviso, la criatura se levantó de un salto, sobresaltada y muy aturdida.

–¡Pero qué es este silencio ensordecedor, qué ocurre aquí! –exclamó asustada, pues precisamente, lo que la mantenía en ese letargo eterno del que acababa de despertar, era el ruido estridente que constantemente reinaba en la Memoria desde tiempos remotos.

–¿Quién eres? –preguntó el Recuerdo aún embriagado por tan sublime presencia–. Un momento, tu cara me suena de algo, creo haberte conocido en un pasado muy lejano. Pero.... tu nombre... tu nombre se me escapa del todo. ¿Cuál es tu nombre pequeña?

–¿Mi nombre? –dijo algo desorientada–. ¡Ah..., mi nombre! Sí... mi nombre es Inocencia.

10 julio 2009

Quiero



Quiero escribir sobre el amor y sobre la inocencia,

lanzar al viento versos de esperanza,

palabras bellas o, cuanto menos, mansas.

Quiero encerrar en botellas mensajes de amistad,

de paz y de alegría,

subirlos a lomos de olas de cristal

y provocar una sonrisa al otro lado del mar.

Quiero poder besarte,

bajo la luna o sobre el colchón,

proclamar al mundo entero mi felicidad absurda,

sencilla y sincera,

gritar de goce saliendo desnudo al balcón,

sin temor a envidias,

a censuras

o a tu condena.

Quiero todo eso,

y mucho más.

Pero no puedo;

sé que no debo desear tanto,

no me lo merezco

ni sería justo tomarlo.


Cómo hablar de amor,

cuando medio mundo llora de hambre,

y el otro medio no se sacia de tanta sangre.

Dónde encontrar a un inocente,

si sólo veo miradas que acechan,

índices que me señalan,

estadísticas que aumentan

y jueces que callan.

Y qué decir de la esperanza;

miro a la derecha,

miro a al izquierda,

y el mismo panorama se me presenta.

Un horizonte demasiado lejano,

un arco iris inalcanzable;

lo normal cuando los pacificadores hablan de guerras.

Para qué lanzar botellas

si el océano ya está lleno de ellas,

con o sin mensaje,

con o sin poemas.

Pretendo alcanzar estrellas,

mas sé que es imposible,

pero si tú me dejas,

colgaré la luna sobre nuestras cabezas

y haremos el amor hasta que amanezca.

02 junio 2009

Amores enjaulados II


Soñé que era un pequeño pájaro, de fino cantar y colores sutiles, agradables a la vista. Y en este sueño, mi hogar era una imponente jaula, bañada en oro y rematada en rubíes; hermosos trapecios colgaban en lo más alto, sus suaves balanceos me alegraban el dormir. Y justo enfrente, un gran ventanal, desde donde cada mañana me saludaba el amanecer, y por donde cada noche me visitaban las estrellas.

Mi dueño, un gentil caballero, me colmaba de goces. Las más deliciosas semillas no faltaban en mi pesebre, y el agua, siempre fresca y transparente. No pasaba un solo día sin que limpiase mis rincones, y la jaula en todo momento lucía esplendorosa.

Nada podía haber que enturbiase mi suerte.

Pero un día cualquiera mi amo se despistó, la puerta dejó entreabierta y el aire, mi libertad me anunció.

Y volé.

Al despertar, abrí la jaula a mi canario. Me miró, y continuó con su trinar.

08 marzo 2009

Dónde estás corazón

Dónde estás corazón,
que no quiero olvidar
tu ramillete de olor,
tu puñadito de sal.

Dónde estás corazón,
que no puedo escuchar
tu respuesta sin voz,
tu música sin igual.

Dónde estás corazón;
no me quiero asomar
a ese patio sin luz,
a ese cielo sin sol.

Dónde estás corazón,
que sin ti ya no hay paz,
y te llevaste el amor.
Dónde estás corazón,
y me dejaste así...
sin más.

09 febrero 2009

El rostro de la muerte

Comienza aquí

.......

He visto el rostro de la muerte;
es dulce, cálido y apacible.
No es feo, y sí atrayente.
Su mirada es serena, nunca da miedo,
más bien reconforta y nos mueve al silencio.
Su sonrisa es sincera, transmite confianza;
su tez despreocupada
me tranquiliza y me da esperanza.
Usa un lenguaje sencillo,
habla con palabras llanas,
lo dice todo bien claro:
no hay final, tampoco principio,
sólo un largo caminar,
por senderos firmes, conocidos,
y también otros vacilantes y más tristes.
Un mensaje de paz,
por mí bien recibido.

22 enero 2009

Loqués remansarse

Poema de Luis Melgarejo, poeta granadino y universal.

Aparqué.
La luz, el odio, el agua, las almendras, todo bien.

Le tiré poco a poco y para arriba
por justo el espaldar de la cantera.
El sol pegaba limpio y norte el aire.
Cernícalos y ortigas. Y alpechín.

Eché toda la tarde allí, bailando.

A la vuelta dos búhos
por los balates últimos al ras se me cruzaron
y un sapo justo en medio del carril ya bajandillo vi.
Y eran ya muchos cruces, demasiados.
Después supe que sólo eran los justos, que
la vida en
fin, que ya está.
Le eché el freno de mano lento al coche,
abrí, bajé, la luz no sé si estaba
de brecha o si eran sólo
las cortas de los faros ni
por dónde supe yo que algo venía
pasándome en el cuerpo desde por la mañana, pero

la cosa es que de pronto

allí de pie
mientras yo le cantaba para que se cruzase a
la cuneta del lado de la acequia
ya era el sapo que yo supe al ralentí

y supe en otra forma de los pájaros,
del sol y de la luna, de tanto brote aún verde,
tan sin flor, de lluvias cuándo y cómo y
de las balsas de alpechín tan negras que

de noche ya y
camino de la casa serenándome al volante
los pulsos tan livianos de la vida
pude ver una vez más pero llegándole distinto a
las otras cosas esas de la ciencia y la razón
que no sé yo si son tan importantes ya.

Logré dormir tras cuatro noches huecas. Me lavé.

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