18 octubre 2008

María, mi mami

El gallo cantó lejano en la madrugada y la frente de María entró en el frío contacto final de su tiempo. El perfume de las flores muertas comenzó a brindar por el adiós, la distancia de la quietud, y me encontré comparando el cabello blanco que asomaba debajo de la coloración, con aquella melena castaña de sus 35 años que recordaba de mi niñez. Eran tantos años atrás donde Julio, de uniforme azul intenso, parecía erguirse sobre el pedestal de las botas caña alta de montar, cuando se vestía para la ronda de caballería por las calles silenciosas de un pueblo distinto. Un par de tragos amargos preferidos de sorbo corto eran el desayuno ligero del jinete, preparado por su compañera. A veces ella no acertaba en la justa preparación del tradicional rito criollo, por demasiada agua o yerba prematuramente lavada. María a la hora de la escuela, del almuerzo, de los deberes y la merienda, de su oficio extra horario de pantalonera. María en el acto solidario de las interminables pilas de ropa a planchar, día sobre día, lunes igual a martes y una sonrisa de viernes anunciando la independencia del fin de semana. No olvido la mañana en que el apuro por el despertador que no soltó su sonido de campanilla metálica, ocasionó la confusión de la sal por el azúcar en el resto de leche que quedaba antes de ir a la escuela. El bollito del recreo por una moneda o la rodaja de pan con dulce envuelto en papel para no ensuciar el portafolio de cuero claro, dejaría el contratiempo de lado y una anécdota risueña. Son pasadas las 4 y 30 y la pequeña capilla del nosocomio era un paso de espera en el camino de sombras o de luces para el enlace con Dios, vaya uno a saber, esos refugios humanos que hemos aprendido de chicos y se atropellan alucinadamente contra los resortes que toca la mente en estos casos. Su cabeza estaba de costado, exageradamente envuelto su cuerpo que ya no sentía nada, en un sitio que se me ocurría injusto como la muerte que comprendemos resistiendo hasta la última pena. La parte trasera del edificio, el pasillo frío y la puerta de salida, por allí se llevarían a María alejándola un poco más hacia la niebla de lo definitivo que ya admite las caricias de la memoria que no llegaron oportunas en la plenitud de su ser. Busqué sus ojos que ya no miraban rodeando la camilla pero sin llegar a tocarla. No quería agotar mis lágrimas aún sabiendo que todo se terminaba allí como ella dijera, en esa respiración esforzada de los días anteriores, de un tiempo prolongado que ya no quería soportar aunque a nosotros nos doliera. Pero igual pensé que la resistencia ante lo inevitable, a fuerza de oraciones imposibles, podría lograr un milagro para que no escapara de la vida. La coquetería del peinado, la risa cuando la enfermera dijo con fingido enojo - "¡Respirá por la naríz María!". Reíste porque la observación te pareció graciosa o irreverente, ya que si hubieras podido nadie te hubiera quitado ese derecho a seguir entre nosotros. Pero el corazón imponía su ritmo y bajar de aquellos tubos y la frenética máquina de los números que agitaban tu pecho pusieron al descubierto la trama que de alguna manera esperabas se concretara. "Quién sabe cuando", me contestaste por lo del cabello que dejaba entrever las raíces despintadas y mi ilusión de verte otra vez en casa soportando la "tele" con Mafalda, la señora de compañía, aunque fueran demasiado dolor tus piernas. No soy un filósofo, ni erudito en nada, y apenas puedo deletrear mi sentimiento.
No estuve con ella en el momento que su conciencia comenzó a echar alas hablando de sus tres hijos todavía pequeños, de su hombre vestido de azul "porque él llevaba los chicos malos", dijo , seguramente el mejor tiempo de su vida. Ojalá que esto sirva y lo recojas en tu vuelo de viento, María, que seguirás siendo desde donde puedas nuestra hermosa madre. (José López Romero)


12 comentarios:

JAVI DE JAEN dijo...

Preciosa tu entrada...Un abrazo
Javi

carlos dijo...

Muy hermoso el relato, me ha encantado. Muchas gracias por compartirlo.

María dijo...

M. José en el blog no se leen los comentarios, me pasa lo del otro día, te aviso para que lo sepas.

REIKIJAI dijo...

Muy Bueno ... Nuestros padres ... viviran eternamente en nuestro corazón ... Gracias ... por compartir un sentimiento tan intimo he importante ... Un Beso ... Silvi.

Alicia María Abatilli dijo...

Esa tristeza no se marcha, pero queda el cariño tremendo que le diste.
Un abrazo José.
Alicia

el piano huérfano dijo...

Esta tristeza no tiene nombre ni consuelo, pero se aprende a crecer con ella, y dar lo que nos han enseñado, sentir que la muerte no existe de una forma u otra estan a compañandonos-

el piano huérfano dijo...

Esta tristeza no tiene nombre ni consuelo, pero se aprende a crecer con ella, y dar lo que nos han enseñado, sentir que la muerte no existe de una forma u otra estan a compañandonos-

REIKIJAI dijo...

Hola ... Jose ... Gracias por visitar uno de mis blog ... tengo varios ... ese es algo complicado ... donde hablo de Reiki ... Meditaciones ... de chakras ... y varios temas orientales ... te invito a que pases por los otros ... quizas sea mas lo tuyo ... no tengo problema en explicarte ... Te dejo un beso...
http://reikijai.blogspot.com/
http://danna-tajmahal.blogspot.com/
http://ofiucosignodelzodiaco13.blogspot.com/

Y este ultimo lo comparto con un amigo,
http://elplanetaoculto.blogspot.com/

Pedro dijo...

Un homenaje bellísimo a tu madre, José. Seguro que lo habrá recogido sin problemas mientras planeaba sobre tu cabeza.
Un fuerte abrazo.

el piano huérfano dijo...

yo también quiero dar un homenaje a tu madre, aun que no sé como explicar en palabras, pero cuando tu ves a alguien con esa vocacion me a petece decir: viva la madre que te pario

ade dijo...

- Cuantas veces me dejás sin palabras, son tantas las tuyas y tan llenas de magna que sólo puedo decir gracias por dejarlas brotar. Hasta pronto, un abrazo. Ade

Anónimo dijo...

Hola José; muy buenas tus narraciones, se definen así?, sobre todo Maria, mi mami, que si bien nos deja una profunda impresión la pérdida de un ser querido, por otro lado nos alegra que ya haya cumplido su mision en la tierra. Siempre recuerdo en el lugar que hacia de escritorio en la casa de Córdoba, una pared completamente pintada de la costa de un mar, con la frase " NO HAY RELIGION MAS ELEVADA QUE LA VERDAD " pintada por mi madre. En Venezuela, en casa de mi hija, hay tres cuadritos pintados hace más de 85 años, que rescaté de la cocina del campo, que estaban tan ahumados por la cocina a leña que teníamos, y que mi esposa, Ligia, que tambien es amante de la pintura, restauró.
Todavía me queda un gobelino en Esperanza, que no quiero ni tocarlo para no dañarlo, pintado en esa época, y que por el tamaño no puedo moverlo mucho.
En " Contar es como pintar " describes perfectamente el itinerario recorrido.
La provincia de Misiones, la conozco solo de paso, cuando venía de Venezuela en coche, pero no he tenido oportunidad de disfrutarla. Te adjunto una publicidad de Ford del viaje ese.
Un abrazo
Roberto

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