08 octubre 2008

La vida un ladrido



¿Recuerdas que te ayudé a nacer? Aún tengo presente aquella tarde. Estaba solo en casa; de pronto escuché el gemir de tu madre. Subí rápidamente y, aterrado, noté algo que luchaba por salir de sus entrañas. No imaginas lo nervioso que me puse. Como tú sabes, soy de los que no pueden ver sangre, ni siquiera la propia; entonces ¿Qué debía hacer? ¿Quedarme parado? ¿O asumir mi papel de hombre con los pantalones bien puestos? Prendí un cigarrillo mientras tu madre trataba de desalojarte sin causarte daño; y aunque la naturaleza es sabia, en ese instante me dí cuenta de que había dificultades.


Sin pensarlo dos veces llamé a la veterinaria. Me contestó la asistente y de forma atropellada le conté lo que sucedía. Cuando terminé me calmó y me dijo: “Tranquilo; simplemente acérquese a la perra, acaríciela y si nota que no puede sola coja suavemente al cachorro y ayúdela”. No sé de dónde saqué valor. Respiré profundo, me eché la bendición y me encaminé despacio, en dirección de la hembra en trabajo de parto. Cuando llegué algo me conmovió profundamente: parecía pedir auxilio con su mirada. Jamás vi unos ojos tan suplicantes, llenos del brillo característico de los que ya no aguantan más. Me olvidé de temores, dudas, ascos, en fin, de todas aquellas cosas que a lo largo de mi vida me impidieron seguir adelante; y apoyado en en mi amor hacia quien ha compartido tantos años a nuestro lado, agarré suavemente esa especie de masa que buscaba ser liberada. No tuve que hacer mayor cosa; fue cuestión de estar ahí, en el momento oportuno.


Finalmente presencié el milagro de la vida en toda su grandeza. Te limpié con una toalla y empezaste a tomar forma. Cabías en la palma de mi mano; quise retenerte, pero otra vez esos ojos suplicantes me dijeron sin palabras que necesitaba estar contigo. Sonreí, te puse en su regazo y los dejé solos.


Hoy volví a experimentar esa sensación de paz en pleno mes de octubre. Ahora tu madre ya no está, se fue para siempre; gracias a ella, sin embargo, comencé a entender el verdadero significado de la palabra solidaridad.

5 comentarios:

julia del prado morales dijo...

Hermoso texto, pleno de ternura. Te felicito, abrazos desde el Perú, Julia

http://eltuturutudejulia.blogspot.com

josé dijo...

Caselo amigo, hermano, nunca he pasado semejante trance y tal vez no reaccionaría como vos, en echarle mano al trance, no se, pero esta crónica perruna es muy tierna y de un valor humano que me supera.

M. Jose dijo...

Creo que ya te dije en una ocasión que no sé como reaccionaría en un caso igual o parecido. Eso sólo lo sabemos cuando estamos delante...
Lo tuyo fue un acto de valor impresionante y sobre todo de amor.
Un beso
MJ

Pedro dijo...

Te admiro, amigo, ahora más que nunca. Cuando llega el momento de actuar nadie sabe como reaccionará; ahora tú sí que lo sabes.
Un abrazo.

Alicia María Abatilli dijo...

Nadie mejor para enseñarte lo que es la solidaridad, Carlos.
Un abrazo.
Alicia

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