16 julio 2011

extraño

La lluvia avanzó hasta cruzar el verde arco de arbustos y su forma se me ocurrió un corcel blanco de crines largas. Desde algún lejano recuerdo sentí en la piel el calor de la leña encendida en el hogar que ya no tengo, y las escrituras de aquellos inviernos melancólicos aturdidos por unos tragos de pésima calidad, que estaban de nuevo conmigo. Manuscritos ilegibles guardando un tiempo involuntario que había comenzado a olvidar desde mucho atrás. Un abrazo crepitante como el fuego sucedía dentro de mí orillándome con vértigo inusual. El pensamiento distante, el ocio de una ventana que no decía nada, empecinada como yo a no mirar, mientras las cortinas devoraban la escena en la que invertía estas líneas plagadas de metáforas, comas y puntos. Intenté repasar lo escrito en la oscuridad partida del ambiente y no conseguí hilar la trama que perseguía. Observé los ojos de un dibujo sin terminar detrás de un papel amarillo de color intruso, y digo bien, que lo volvía una figura fingidamente sospechosa, escondida y espiándome. La guía telefónica, el azucarero, un vaso silencioso y vacío, hacían juego con mi reloj aburrido y conmigo, complacientes compañeros de viaje. Al tachar una frase fallida pensé en hacerlo con cada letra que no me reconoce, o las palabras que no entiendo o me caen mal como los traidores que una vez se creyeron dueños de ellas, cuando ni yo tengo derechos, aunque fueron incontables ocasiones donde las he regalado ante un pedido. No se cuánto queda ni cuánto he perdido, todo es semejante a un mar de cartas ahogándose sin destino y nunca sabré quienes rescatan algo de las que llegan sanas y salvas, para que sus espíritus sean liberados. Huelo el humo de los colores ocres confundiéndose en las llamas, y los pinceles raídos acurrucándose en el vértice de una puerta ciega. El sol no acudirá a la cita que me ha quitado el placer de la bicicleta, la llovizna me ha robado su encanto. Las gotas “picazonas”, pequeñitas y cantarinas han ocupado el espacio y estarán por aquí un par de días según han dicho. Extraño mi vieja máquina de escribir, a mis viejos y mis hijos viajeros, el rancho bajo el laurel que debo asear cuanto antes, y los pájaros entrometidos sabiamente, vagando por el patio de casa. (José López Romero)

4 comentarios:

mj dijo...

Que gran poder tiene un día gris con algo de lluvia...!! lo ocupan todo, lo exterior, pero sobre todo lo interior de nosotros. Son capaces de hacernos caer en las melancolías más derrotistas, pero también en las más hermosas de las añoranzas.

Gracias por visitar, una vez más, Preludio. Un abrazo
mj

Camino del sur dijo...

Hermoso y nostálgico, hoy especialmente en que l gris se transformó en una lluvia espesa y oscura, traspasando lo m´s recóndito de nuestros seres.


Abrazos

María Pilar

Mercedes Sáenz dijo...

Jose sin acento, cuánto me gustó este escrito!!!!
Abrazo gigante para vos y abrazos también para Mj y los integrantes del blog.
Mercedes

pepi B (Fina Barga) dijo...

Jose un escrito estupendo, la lluvia que tiene la capacidad de impregnar todos las cosas de una mágica vida.Hermoso
Un saludo

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