01 noviembre 2008

como pinturas en la pared

Sin saber por qué barajé un par de escritos disímiles. Sería por equivocación casual, o por una necesidad oculta que apareció por su regalada gana. De cualquier forma nada cambiará alrededor, si es por puro gusto y nada en especial, aunque suene confuso a mi luz de bajo voltaje.
Esa paloma volverá a pasar por la puerta, pensé, a la altura de la mirada abúlica de mi perra, sentada unos metros más allá de mi apostadero de hablar conmigo mismo y dije apresuradamente del viejo Jim. “En la obstinación de sus cabellos tan blancos como largos, y una barba de coraza contra sus antiguos fantasmas, nunca volvió a correr las cortinas de su casa ni abrir las altísimas y pesadas ventanas metálicas de siglo anterior, poniéndole trabas a su vida. Alguna vez me dijo que esperó un milagro que jamás llegó, y que desistió de su oficio de mecánico porque la vida pasaba por otro lado. Allí anda entre las sombras de su calle con techo de árboles y cada tanto despanzurra su vereda de ladrillos buscando algo debajo que ahí no habita”. Las confesiones de los hombres quedan vivas en la piel, en la memoria de las piedras que no volverán a desencantarse. Cada una contiene impresiones, su propio color como pinturas en la pared, descubriendo miradas de ventana al mar o muertes liberadas al cosmos.
“El artista miró aquél rostro seguro de conocer sus rasgos. Rozó las mejillas al depositar el primer trazo en el lienzo y detuvo su gesto en el verde de las pupilas. Ellas le trajeron horizontes de navíos lejanos, puertos y tabernas hostiles de putas pintarrajeadas. Recordó que la florista le dijo que el día quedaría enfermo, que la noche vendería sus orgullos y un marino deslumbrado por el ron, entraría a su cuarto más de una vez. En la fonola sonaba la voz del gorrión de París”. Amontoné palabras desmesuradamente de tanto recoger historias encontradas. En mi lengua de vagabundo puedo reflexionar con el alcalde, el cura, el jefe de bomberos y un parroquiano cualquiera. Entiendo a la muchacha que deja escurrir su inocencia entre los dedos de una fantasía inconclusa, y tal vez a mi consciencia, abaratando las regalías de su precio. “En Maren Basch, un día, las flores regresaron, cuando las raíces de los muertos unieron sus plegarias y añoranzas profundas. El compás en “negras” de un acorde menor inundó mi mente aquél verano donde alguien se despedía, y otros hincaban sus pies por primera vez en el pueblo, saliendo de la órbita feliz del vientre de sus madres. Nacer ardiendo, nacer sin entender, crecer queriendo, madurar sin desfallecer. Los surcos reciben la lluvia y se abren al cielo cual una joven sedienta como semilla recibe a un varón”. (José López Romero) / La producción fotográfica es creación de Fernando Jobse.


3 comentarios:

REIKIJAI dijo...

Hola ...José .... Una mezcla de vivencias.... y añoranzas de años,… idos… me parece escuchar, la Piaf … cuando su voz se apaga … en la primavera del 63 … no entendía … solo contaba con 3 años … Nacer y morir …. la consigna … ¡Feliz Noche de Brujas… ¡!! Aunque aquí en Argentina no se festeja …Te dejo un Beso…. Silvi.

Pedro dijo...

Ufff, qué intensidad de momentos vividos y grabados con fuego en lo más hondo de la memoria.
Reflejas las vivencias pasadas y las sensaciones que causaron de forma magistral. Mi enhorabuena, poeta.
Un abrazo.

el piano huérfano dijo...

bonita imagen de foto, intesos momentos que parecen la eternidad, que bien recordarlo, tenerlo, guardarlo.
Gracias por compartir esas vivencias

un abrazo

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