15 noviembre 2014

Acantilado del encuentro

Él le legó su creencia en las casualidades y en la esperanza.
Se las atornilló a los tal vez y ella las usa como esa bufanda vieja que busca en cada invierno, tiene otras pero siempre elige la misma, por la costumbre de usarla o para no desacostumbrarse quizás…
Ambos pensaban que el mundo no era el que ellos merecían, les hubiese gustado poder caminarlo todo, del derecho al revés y viceversa.
Tal vez se cansaron antes de intentarlo, tal vez el mundo no era el mismo mundo…
Acordaron que se encontrarían cuando el recuerdo se pusiera amarillo, lo harían al borde de algún acantilado, para recordar cuál sería el motivo del encuentro, para salvarse los dos o para acelerar el adiós permanente.

Para renovar el deseo o  dejarse caer en el desconsuelo.

Para arrojarse al enfermizo silencio o precipitarse al sueño.



3 comentarios:

Alicia María Abatilli dijo...

Nota: Cambié algo "la cara" de Preludio, pues debido a un problema con mi vista y al tener ese color de fondo en las entradas se me dificultaba leerlas. José, Begoña, María José y demás administradores de este blog, les solicito me digan si les parece que está bien, caso contrario volveré a modificarlo según sus preferencias. Además, lo que no cambia perece. Y lo que menos queremos es que nuestro PRELUDIO perezca ¿Verdad?
Gracias.
Les dejo un abrazo.
Alicia

josé dijo...

A mí me parece buenísimo, y estaba por preguntarle a MJ si ella tenía que ver con el cambio, ya que está en el mío, Corazón Urbano, dándole nueva vida. De paso te digo, que tu texto es un pequeño y enorme cuento que me agradó de verdad. Un abrazo y a no perdernos.

mj dijo...

Hola Alicia ¿qué tal? Preludio está muy bien. Tan entrañable como siempre ha sido, como las personas que lo integran.
Gracias amiga
Un abrazo grande
mj

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