06 junio 2009

Suicidio en masa

Con cierta frecuencia, dudo si escribir algo personal o algo que aluda a los demás.

Confieso que me resulta más fácil contar de los otros.

La objetividad abre puertas y no tengo que combatir con ciertos límites propios.

Cuando dudo tanto, el teclado de mi computadora (a quien le irritan las personas indecisas) chilla, diciendo que para escribir tonterías mejor me quede en silencio.

Le respondo que mientras haya alguien interesado en leer lo que escribo, vale la pena el intento, aunque ese alguien sea el “anónimo” de quién aún no puedo adivinar su nombre.

“¡Detesto los sin nombres!”, me interrumpe el tirano.

Sí, tirano, porque al sentirse dueño de las letras, hace y deshace a su antojo.

Harta de él, busco en el altillo mi vieja Royal, aquella en la que aprendimos a escribir mis hermanos y yo.

La que soportó nuestros humores y aporreos.

Cuando la dejé de usar, la tapé con una sábana vieja. Como se tapan los muebles que nos resistimos a venderlos pero después olvidamos, hasta que pasa alguien que pregunta sino tenemos tal o cual cosa y recién ahí salimos a buscarlos. Algo así pasa con muchos de nuestros recuerdos, esos que representan nuestros mejores momentos y que si les sacáramos “la sábana”, de vez en cuando, nos haría tanto bien…
Decía, ahí estaba mi vieja máquina de escribir como esperando. Al destaparla, el rodillo me enfrentó con la verdad: “Las teclas están muertas. Se fueron olvidando de cantar. Un día, decidieron suicidarse en masa. Excepto dos, las de los signos de interrogación, ellas no quisieron morirse, te estuvieron esperando para preguntarte cómo se hace para abandonar sin que duela…”.

Quedé atontada, sin poder responder la pregunta.

Atiné a decir “¡Maldita tecnología!”
Bajé corriendo. Me acerqué sigilosa, antes de que pudiera escribir alguna señal de socorro.

Con rabia lo arrojé tan lejos como pude. Sé que él no tiene la culpa de mi error, de mi descuido, pero alguien tiene que cargar con ella.

Yo estoy muy consternada para hacerlo.

Eso sí, les pido sepan disculpar mis posibles faltas de ortografía en mis próximas entradas. Sospecho que mi teclado, en cuanto regrese del hospital, buscará la forma de vengarse…

9 comentarios:

Pedro dijo...

Bueno mujer, tampoco es para ponerse así. Los tiempos cambian, lo que no deben cambiar son nuestras ideas de libertad y deseos de lanzar al viento nuestras palabras, sea de la forma que sea.
Gracias a esta tecnología maldita podemos compartir todos estos sentimientos.
Aunque comprendo tu añoranza de otros tiempos donde las cosas se hacían más despacio y con mayor serenidad.

Un beso.

Adolfo Payés dijo...

Y así como todo cambie que yo cambie no es extraño dice una canción..

los principios nunca..

Te dejo mis saludos fraternos con mucho cariño...

Un abrazo muy grande
que tengas un buen fin de semana

besos

Franziska dijo...

Resulta que tienes una compu inteligente ¡qué suerte! y además para que no se fastidie -por lo menos con mi comentario- me llamo Franziska y no es un falso nombre.

Y esa máquina es una joya para los anticuarios. Creo que si encontraras un mécanio -ya no debe haber ninguno- te la pondría a punto -el problema sería encontrar una cinta entintada- y así llegarías a valorar un poco más a tu nuevo teclado del pc.

Has encontrado una imagen muy ingeniosa para elaborar tu comentario que, al fin y al cabo, se trataba sólo de eso.

Saludos cordiales.

Fernando dijo...

Cuantas veces he escrito mis poesías en una Olivetti. Cuantas veces he tenido que corregirlas por lo mal escritas que estaban. No importa, rompía y rompía y rompía, pero mi entusiasmo poético cada vez se consolidaba más y me ayudaba a perfecionar mi estilo y mis pensamientos. La tecnología es un complemento indispensable para nuestro trabajo.Por eso me gusta que hayas llevado tu máquina a un hospital y que la vuelvas a utilizar. Un abrazo.

César J. Valero dijo...

Me gustaría saber si el instrumento utilizado influye u otorga cierto rasgo al poema o a la historia escrita. También me gustaría volver al lápiz y al papel.

migul dijo...

Eso si que debe de ser escribir, aporreando las teclas con todas tus fuerzas, a golpe de martillo... Muy dulce el texto y esperemos que el enfado sea pasajero... jaja
un saludo!

mj dijo...

La tecnología está ahí, para servirnos de su beneficios, pero no para servirles nosotr@s a ella.
Qué buena máquina, y si la tienes procura conservarla todo el tiempo que puedas.
Ah, y muy bueno tu post. Espero que la relación con tu teclado mejore....
Un abrazo enorme
mj

Walter Portilla dijo...

Por eso se quedaron esas dos teclas, Alicia María, porque no se puede abandonar sin que duela, quedan las interrogantes.
Y al final, siempre tendremos la delicia de escribir a mano, de dibujar letras, borronear, tachar, volver a corregir para terminar satisfechos de lo logrado.
Te escapaste del estilo al que nos tenías acostumbrados y sorprendido alegremente, lo celebro.
Mi abrazo enorme querida amiga.

Begoña dijo...

Vaya regalo que nos haces, Alicia. Por fin, nos hablas de cara, sin adivinanzas ni conjeturas...propias de tus versos cortos y concisos, tan preciosos y tan valiosos, por otro lado.
Qué recuerdos, y qué manifestación del tiempo, del que se fue, y del que vendrá.
Un beso enorme.

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