06 septiembre 2008

Meditación

La ayuda más alta que nadie nos puede ofrecer es aportarnos la paz espiritual. Este es un tesoro que todos los hombres buscan, y es lo que la meditación nos ofrece.
Pero para llegar a este autoconocimiento es necesario hacer algo muy difícil, que no concuerda para nada con el estilo de vida que llevamos en los países desarrollados; es necesario escucharse a sí mismo, pararse de vez en cuando y oír lo que tenemos que decirnos, nos guste o no. Tenemos que intentar encontrar tiempo suficiente para pararnos a pensar en nuestra vida, en nosotros mismos, hacernos preguntas, intentar contestarlas, no evitar aquellas que no nos gusten, al contrario, afrontarlas. Este es el único modo de conocerse a sí mismo y de encontrar la tan ansiada paz espiritual. También es el primer paso para convertirnos en mejores personas y conseguir encauzar nuestras vidas a donde realmente queramos.
Esta es la idea que persigue tanto el budismo como el taoísmo con la meditación y, créanme, funciona bastante bien. Si no lo han probado nunca, les recomiendo que lo hagan; al principio puede parecerles desagradable, ya que es molesto y, al no conseguir resultados inmediatos, puede parecer inútil. Pero les aseguro que si perseveran en la práctica, con un poco de paciencia pueden lograrse resultados sorprendentes y muy beneficiosos. El maestro Philip Kapleau lo describe de la siguiente manera:
La razón por la que muchos encuentran molesto el sentarse sin moverse es porque están acostumbrados a dispersar sus energías en actividades sin finalidad para evitar el enfrentarse con sus problemas. El sentarse, no solamente no les permite desperdiciar sus energías, sino que les fuerza a mirar hacia dentro y enfrentarse consigo mismos, desnudos, cara a cara con los problemas de los que estaban intentando escapar. Y como el zazén [sentarse a meditar]
pone de manifiesto los problemas, lo resienten, convirtiéndose en una molestia dolorosa.
Este momento, sin embargo, es una encrucijada, un punto en el que nuestra determinación se pone a prueba. ¿Seguirás tu viejo sistema de vida, el fácil y despilfarrador, o te embarcarás en un camino de liberación? Si te has dado cuenta que tu vida hasta ahora te ha llevado a un callejón sin salida, y la fe en la realidad de tu Naturaleza verdadera es fuerte, tu determinación de alcanzar la libertad será del mismo calibre que el esfuerzo que estés dispuesto a hacer. Y si perseveras en la lucha, evitando tentaciones de escape, llegarás a un entendimiento profundo y adquirirás una quietud y claridad cargadas de vitalidad
.”
El autoconocimiento a través de la meditación no es ninguna meta, no es un fin, tan sólo es un camino que nos ayudará a conseguir la sabiduría. El maestro Dogen lo expresó muy bien con estas palabras: “Para ganar un cierto objetivo debes primero convertirte en una clase de hombre especial; pero una vez que te hayas convertido en ese hombre, el alcanzar el objetivo dejará de ser una preocupación.”
Una de las más completas explicaciones sobre la meditación que he leído nunca es la que desarrolló el taoísta Daniel Reid en su libro El Tao de la Salud, el Sexo y la Larga Vida. Aquí les dejo sólo una pequeña muestra:
Aunque no esté usted interesado en cultivar la inmortalidad espiritual, la meditación básica sigue ofreciendo grandes beneficios potenciales para aquellos que pretenden disfrutar de salud y longevidad en esta vida. «Sentarse quieto sin hacer nada» es la única forma que existe de proporcionar a su mente un descanso completo. Durante el sueño, el cuerpo reposa y restaura su vitalidad, pero la mente vaga por el país de las fantasías, en un viaje tan emocionante que algunas personas no paran de agitarse durante toda la noche. Los sueños y las pesadillas pueden llegar a ser tan agotadores para la mente que se despierta uno más cansado que cuando se acostó. Incluso cuando descansa usted tranquilamente en una butaca con los ojos cerrados, la mente va incesantemente de una cosa a otra, se llena de inútiles conjeturas y crepita de estática cerebral.
Sólo después de emprender un programa regular de meditación podrá empezar a apreciar lo difícil que resulta calmar el espíritu, silenciar el incesante dialogo interno que constantemente se atropella en la conciencia y serenar al «mono juguetón» de la mente. Sin embargo, bastan 30 o 40 minutos de ininterrumpida meditación profunda para dejar el cerebro más descansado que tras varias horas de sueño, el espíritu tan lúcido y claro como un amanecer sin nubes, el tumultuoso océano de la mente tan sereno y plácido como un lago de montaña en un día sin viento [...] No hay nada de mágico ni misterioso en esta meditación. Es un ejercicio mental tan preciso, práctico y eficaz como lo son las flexiones para el cuerpo y la respiración para la energía.
Uno de los principales logros y beneficios que proporciona la meditación para la salud y la longevidad es la ecuanimidad que confiere al espíritu. A través de la meditación se llega poco a poco a comprender que la mayor parte de las preocupaciones que nos agobian no son sino ilusiones mentales creadas por nosotros mismos, sin base alguna en la realidad, y que la mayor parte de las tensiones mentales son consecuencia directa de la vulnerabilidad mental, tal y como la enfermedad física es consecuencia de la vulnerabilidad física.
La meditación permite obtener unas perspectivas de la vida que no pueden hallarse en ningún otro lugar, porque la meditación crea un estado mental en el que las cosas se perciben de una forma distinta a la conciencia ordinaria. Una de estas percepciones es la constatación de que nada en el mundo es absolutamente bueno ni absolutamente malo, completamente correcto ni completamente equivocado. Una persona corriente, por ejemplo, podría sentirse totalmente desolada al despertar una mañana para descubrir que se había quedado sin empleo. Quizás incluso podría suicidarse. Un meditador, en cambio, en vez de desmoronarse bajo la tensión podría limitarse a sonreír y tomarse las cosas como vienen, sabedor de que este acontecimiento en apariencia «malo» puede en realidad conducir a una «buena» oportunidad un poco más adelante, como un empleo mejor, por ejemplo.
La lección más fundamental del Tao es que lo único permanente en la vida es la impermanencia, mientras que nosotros acostumbramos a comportarnos como si nuestras dichas y nuestros problemas fuesen permanentes. La meditación nos enseña las lecciones de la impermanencia y la relatividad y nos muestra como fluir con las corrientes del constante cambio en vez de intentar combatirlas.
Cuando se está meditando, la mente se hace cargo del cuerpo y de la respiración, en lugar de dejar que sean éstos quienes lleven la iniciativa, como sucede en la actividad normal. Con el tiempo, esta práctica acaba dejándose sentir en las actividades ordinarias. Por ejemplo, le resultará más fácil controlar su dieta, y los hombres no encontrarán tanta dificultad para controlar la eyaculación. La práctica habitual de la meditación acostumbra al cuerpo y a la respiración a obedecer las órdenes de la mente, cosa que invierte el constante gasto del espíritu que resulta de la indisciplinada pérdida de esencia y energía.
La meditación también da otra perspectiva al tiempo. La mayoría de la gente suele decir: «Tengo muchas ocupaciones, no me queda tiempo para meditar». Pero estas mismas personas luego se pasan dos o tres horas en un bar tomando copas a la salida del trabajo o cinco o seis horas mirando la televisión cada noche. Las horas así gastadas pasan como el viento, dejando la mente entorpecida con inútiles retazos de información, distorsionadas imágenes de la vida y con la impresión de que verdaderamente «no hay tiempo para nada». Sin embargo, media hora de meditación puede incluirse aún en la agenda más cargada, y sus resultados inevitablemente merecen esta pequeña inversión de tiempo. Según el éxito que tenga el meditador en desprender su mente de la conciencia convencional y liberarla por un rato de su autoimpuesta profusión de chatarra mental y valores arbitrarios, 30 minutos de meditación pueden parecer tres horas o tres minutos.
La meditación constituye una excelente terapia para todos los que sufren de hipertensión, nerviosismo, eyaculación precoz, indigestión, ansiedad y otros trastornos crónicos causados por la tensión y el subsiguiente desequilibrio de las funciones vitales. El hecho de sentarse quieto sin hacer nada vuelve más lento y regular el pulso de todos los biorritmos vitales, especialmente los del corazón y del aparato respiratorio, que a su vez regulan todos los demás
.”

1 comentario:

M. Jose dijo...

Muy bueno Pedro, sabes lo que más me gusta a mí cuando me siento a meditar, el respirar, es maravilloso permanecer inspirando y expirando. Son momentos en que la mente se detiene y llega un punto que la respiración es ta baja, tan lenta que parece que todo se detiene. Yo me bajo del mundo!!!!, son momentos mios, pero que de alguna forma después se los entrego a los demás.
Bueno eso es...!!!!
Un abrazo de sábado por la noche
JM

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